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¿Qué pasaría si Chile cobrara impuestos a todos los alimentos “Altos en”?

  • Feb 3
  • 4 min read
Alimentos ALTOS EN

En Chile ya nos acostumbramos a ver los octógonos negros de “ALTO EN” en envases de alimentos y bebidas. Esos sellos se basan en un modelo de perfil de nutrientes que identifica productos con alto contenido de azúcares, grasas saturadas, sodio o calorías, y han sido parte de una ley de etiquetado y publicidad pionera en el mundo.


Pero hasta ahora, esa regulación casi no se ha acompañado de impuestos específicos a esos productos, más allá del impuesto a las bebidas azucaradas que existe desde 2014. ¿Qué pasaría si Chile decidiera dar un paso más y aplicar un impuesto amplio a todos los alimentos y bebidas que llevan sellos “Altos en”?


Un estudio publicado en la revista PLOS ONE simuló justamente ese escenario para Chile y ofrece pistas importantes para la discusión sobre salud, equidad y financiamiento de políticas públicas.


El estudio: usar los sellos como base para un impuesto

La publicación “The impacts on food purchases and tax revenues of a tax based on Chile’s nutrient profiling model” (Colchero, Paraje, Popkin, 2021) toma el modelo de perfil de nutrientes de la ley chilena de etiquetado como base para simular distintos impuestos sobre los mismos productos que hoy llevan sellos de advertencia.


En lugar de concentrarse solo en bebidas azucaradas, el estudio considera seis grupos de alimentos y bebidas, divididos entre productos con sello (“labeled”) y sin sello (“unlabeled”). Para estimar cómo reaccionarían las compras frente a un impuesto, el equipo usa datos de Kantar WorldPanel Chile (2015–2017) combinados con datos de ventas nacionales de Euromonitor, y aplica un modelo de demanda conocido como Almost Ideal Demand System (AIDS).


A partir de ese ejercicio, simulan tres escenarios de impuestos para todos los productos con sellos: 10%, 20% y 30% del precio final sin impuestos


¿Qué encontraron? Menos compras y muchos recursos fiscales

Los resultados muestran que casi todos los grupos de alimentos y bebidas con sello son sensibles al precio (elásticos): cuando sube el precio, bajan las compras. La excepción son carnes y pescados con sello, que responden menos al cambio de precio.


Al simular los impuestos, y considerando que el aumento de precio reduce el consumo, sumado al crecimiento económico y poblacional, el estudio estima que la recaudación anual podría ser del orden de:


  • Un 10% de impuesto: alrededor de 388.592 millones de pesos chilenos (cerca de 528 millones de dólares).​

  • Un 20% de impuesto: unos 729.626 millones de pesos.​

  • Un 30% de impuesto: alrededor de 1,1 billones de pesos (entre 900 millones y 1.300 millones de dólares, según el tipo de cambio).


Más allá de las cifras, el punto clave es que al gravar todo el universo de productos “Altos en”, y no solo las bebidas azucaradas, la base tributaria se vuelve mucho más amplia, y por lo tanto la capacidad de generar recursos y reducir el consumo de alimentos ultraprocesados también.


¿Y la salud? Menos ultraprocesados, más bienestar

El estudio se apoya en una literatura creciente que muestra el impacto de los alimentos ultraprocesados en la salud: desde ensayos clínicos que registran aumento de peso en pocas semanas hasta grandes cohortes europeas que los vinculan con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer, hipertensión y mortalidad prematura.


Al aplicar impuestos sobre los mismos productos que ya están identificados por los sellos de advertencia, la política fiscal no se diseña “a ciegas”: se concentra justamente en aquellos alimentos que más aportan a la carga de enfermedades no transmisibles (ENT), como obesidad, diabetes o hipertensión. Según las y los autores, esto permitiría reforzar los efectos ya observados de la ley de etiquetado chilena sobre la reducción en la compra de bebidas azucaradas, y extender esa lógica a una gama más amplia de productos.


Si los recursos recaudados se reinvirtieran en salud pública, entornos alimentarios saludables o infraestructura urbana (plazas, ciclovías, equipamiento de barrios), se podrían combinar dos beneficios: menor consumo de productos dañinos y más inversión en bienes públicos que mejoran el bienestar.


¿Es una política “regresiva” o una oportunidad para la equidad?

Como ocurre con los impuestos al tabaco o al alcohol, un impuesto amplio a alimentos “Altos en” se considera regresivo desde el punto de vista tributario: los hogares de menores ingresos destinan una mayor proporción de su presupuesto a estos productos.​​


Sin embargo, desde una mirada de bienestar y equidad, que incluye salud, gasto sanitario evitado y calidad de vida, los beneficios pueden ser progresivos. Los grupos de menores ingresos son los más expuestos a entornos alimentarios obesogénicos y tienen mayores tasas de enfermedades crónicas asociadas al consumo de ultraprocesados. Son también quienes más ganan cuando disminuye el consumo de estos productos y se fortalecen servicios y programas de salud financiados con los nuevos recursos.


Lo que esto significa para ciudades más saludables

Aunque el estudio se concentra en impuestos y recaudación, sus implicancias son urbanas y territoriales:


  • Muestra que las políticas fiscales alineadas con los sellos de advertencia pueden reforzar cambios en el sistema alimentario urbano.

  • Sugiere que los recursos recaudados podrían destinarse a programas locales de alimentación saludable, mejoras en entornos escolares o en la infraestructura de barrios vulnerables.

  • Abre la puerta a pensar el entorno alimentario de la ciudad como un espacio donde conviven etiquetado frontal, regulación de publicidad, normas escolares y también instrumentos fiscales.


Para el trabajo de Chile Ciudades Saludables, este tipo de estudios son clave porque conectan decisiones económicas nacionales (impuestos) con lo que pasa en el día a día de los barrios. Al final, eso es lo que nos mueve: entender mejor esa cadena completa, desde la ley hasta la mesa, y abrir la conversación sobre cómo hacer que nuestras ciudades, de verdad, nos hagan bien.


 
 
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© CHILE CIUDADES SALUDABLES

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